jueves, 24 de abril de 2008

Ostia, pues parece que sale

Hola de nuevo a todos!!

Aquí estoy, otra vez con las manos encima del teclado, lleno de ilusión por volver a empezar una nueva serie de entradas que, aunque a estas alturas mis promesas no valgan mucho, intentaré que mis empeños no caigan en el olvido empujados por la cansina mano de la pereza y la rutina que son capaces de trastocar los mayores éxitos y convertirlos en polvo.

Después de esta beve introducción, un poco filosófica, os presento una nueva historia que, al igual de la de Bimed, también tuvo lugar durante las fiestas de Binéfar, aunqe no en el mismo año.

Érase una vez unos reventaos que estrenaban chamizo para las fiestas, era el primer año que estaban todos juntos en un mismo chamizo, por lo que las fiestas se antojaban grandes. Tan grandes como la cantidad de quintos que encargaron al gaseosero. Todas las cajas amontonadas ocupaban casi una pared entera del chamizo, que como no era muy grande, las guardaban en la trastienda de los horrores.

Y las fiestas comenzaron, las noches iban pasando, las cervezas bajando y los reventaos borracheando, lo normal en época de fiestas.

Hasta que llego un momento en el que estos reventaos sobrepasaron el punto de no retorno, no sólo lo sobrepasaron si no que algunos mearon encima de él. Porque semejante cantidad de cerveza no sólo te hace ir más de la cuenta al parking de al lado, sino que te afecta a la cabeza, hasta tal punto que no controlas tu voluntad y tu mente solo es capaz de ordenarle a tu cuerpo que se siente en un sofa, con un quinto en una mano y un saco de pipas encima de las piernas, para a continuación desconectarse hasta que algo la despierte.

Sí, por aterrador que parezca uno de estos reventaos se abandonó tanto que llegó a este estado. Todos nos asustamos, parecía un robot, sólo comía pipas y bebía todavía más. Hasta que abandonó por completo la racionalidad y ya no controlaba sus acciones. Fue entonces cuando en un momento de su trance, tuvo una visión de una nueva y espectacular manera de beberse un quinto. Consistía en tapar la boca de la botella con el pulgar, agitarla, apuntar hacia la boca y soltar el dedo para que la cerveza saliera disparada a su destino. Pero semejante técnica requería una gran coordinación, cosa que en aquel momento nuestro amigo no tenía.
Aun así lo intentó, tapó el quinto como bien pudo, agitó con todas su fuerzas, soltó el dedo y el chorro de cerveza salió a presión directo a sus gafas dejándolo empapado de cerveza y despertándolo de su trance, mientras otros dos reventaos, que estaban sentados delante de él, no podían parar de reirse viéndolo con el quinto en una mano, las pipas en el regazo y la cara goteandole cerveza.

Bueno, esto ha sido todo por hoy, espero que os guste, y si no pues a pedalear

Hasta la próxima!!

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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos los visionarios son unos incomprendidos al principio: Da Vinci, Miguel Ángel, Goya, Tesla, Von Braun...

Bimed dijo...

Hay que decir también, que éste visionairo, ya había probado una técnica antes que esa, la de beberse los quintos a la velocidad de la gravedad.

ferpe dijo...

un gran visionario, monotemático, pero grande

Anónimo dijo...

Renovarse o morir, hay que buscar nuevas formas de hacer las cosas...

Anónimo dijo...

Por cierto, ¿qué es eso de cambiar la foto de el Kinto por una de spidercerdo?
Si es que...

ferpe dijo...

como tu mismo dijiste, renovarse o morir